No hay sentimiento. No hay color. No hay mares, ni montañas, ni puestas de sol. No hay rabia, no hay sangre burbujeando, vibrando, escurriendose entre los poros. No hay reaccion, tampoco efecto. Menos aun risas y lagrimas dulces.
Ya no queda nada.
Solo enredaderas finas y azules escalando por tus brazos de un blanco muerto. Solo unos ojos mudos y congelados.
Y las palabras descolocadas por el tiempo.

