domingo, 3 de abril de 2011

Fin de acto

Se ilumina el telón, el terciopelo rojo y el oro resplandecen y hacen vibrar los asientos. La función va a comenzar. La música asciende, es reconocible, nos hace creer que todos estamos unidos, que todos sentimos lo mismo. Un pequeño parón en la melodia anticipa tu aparición, el telón se abre.
Aparece tu brazo, blanquecino como una aparición fantasmal. Tu mano camina sobre el indice y el corazon y se dirige al proscenio. Tus uñas pintadas de croma se incrustan con el video de un amanecer industrial, sucio y de colores sospechosos. El público mira hipnotizado, el baile de tu mano zigzaguea, describe curvas imposibles, escribe palabras ambiguas sobre la piel de mi espalda. Por el camino vas dejando escamas de pintura verde como veneno para ratas. No miras hacia atras. Te mueves con soltura y sin consciencia entre lo que eres y lo que te gustaría ser. No te culpo, todos tenemos nuestra función, todos nos involucramos mucho con el personaje. Pero antes o después, la obra nos exige que le dejemos morir.
Así podemos volver a casa
y dejar de actuar de una puta vez

lunes, 8 de noviembre de 2010

Allá arriba


Un instante de calma
antes de caer
Y al momento una cortina de burbujas

Veo tu cara
deformada por la oscilacion del agua
Reflejos azules en tu piel
y tus labios de un rojo ferrari
son lo ultimo que pierdo de vista

Me hundo
oigo el palpitar de mis sienes
como un metronomo
marcando el tiempo
la cuenta atras
La presion en mi cabeza
Fuego en los pulmones

hhhhuuu

Suelto el aire
y lo veo ascender
como perlas callendo al suelo
Es como estar boca abajo
y ascender
arriba
mas arriba
a un espacio congelado
sin aire
Abandonando un mundo despoblado hace tiempo
Viajando a donde las estrellas pierden su brillo
Alli donde muere el polvo.

domingo, 8 de agosto de 2010

La luz arañaba el cobertizo de madera, decorado con mis tripas resecas al sol, colocadas como guirnaldas cubiertas de moscas recordando la fiesta de la vispera. Dentro de esas cuatro paredes negruzcas y envejecidas estas tú. Oigo tus gemidos entrecortados mientras manos sucias, con piel bajo las uñas, recorren tu cuerpo. Varias manos de gente anonima que parecen conocerte, se paran en tus lunares, aprietan tus corvas, tu cuello, las muñecas, tus pechos. Te hacen trenzas en el pelo, guian su dedo camino abajo de tu columna vertebral.
Yo mientras me retuerzo fuera, La punta de mis tripas aun está dentro de mi. La prendo fuego y veo como un resplandor azulado avanza, ascendiendo y descendiendo alrededor del recinto, hasta que llega a una de las paredes. La casucha se prende, tus gemidos no se paran. Mi sonrisa aparece.
Siempre me gusto reir el último, no me lo tengas en cuenta.

martes, 20 de julio de 2010

Otro verano en Madrid

¿Por qué me empeño en buscar estrellas en el cielo de madrid?
Aqui el cielo es rojo y sucio
Los dias son calidos y secos
El tiempo va demasiado despacio
Los libros se consumen bajo la brisa del ventilador
aire denso sin notas de blues
nada más
Solo ganas de dormir
y dejar que el tiempo pase

Las perlas de agua sobre la piel son un respiro
Pero me gustaría que dibujaras lineas entre ellas con tus dedos
Sigo buscando
entre el bochorno y los días perdidos

Creo que nunca dejaré de buscar

miércoles, 23 de junio de 2010

Naufragios

Ya habían pasado meses, pero aun seguían apareciendo pequeños trozos de cristal cuando barría. Era imposible terminar con aquello. A veces creía haber terminado con los restos del naufragio. Inspeccionaba todos los rincones, grietas, recodos, nada. Pero al mes volvía a aparecer otra pequeña pieza, diminuta y odiosa, reflejando la luz verdosa y enferma del salón. Mientras Sadia observaba el último de aquellos recuerdos, noto el olor polvoriento que desprendía el tapizado de las paredes. El olor parecía más intenso que nunca, le invadió el interior de la nariz y bajo por su garganta. Notó como jamás lo había hecho antes las arrugas y el color envejecido de las estampas religiosas colocadas en las esquinas de los cuadros. En la radio comenzó a sonar un ritmo frenético. No sabía donde apoyarse, se encontraba mareada.

Palabras y arcadas nacían de sus entrañas, recorriendo pulmones, hígado, intestinos; fluyendo entre bilis, sangre y vómito. La sensación de no saber qué se dice en voz alta y qué se piensa. Palabras expulsadas con la propia respiración.

-Sadia, la triste Sadi. No dejes que piensen lo contrario. Nunca dejes de disimular. Hay cosas que nunca pasaron. Hay cosas que nunca pasaron…

Hay cosas…