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martes, 4 de agosto de 2009

Humo, autopistas llenas de polvo y Rob Dougan

Te veo en fotos y me recuerdas al mar, tan lejano ahora. Las olas se pulverizan hacia la luz, mientras cien cipreses se recortan sobre un atardecer en la tripa de un pez tropical.
Cada una
de las mil y una barreras de sonido
que nos separan
abarca un ruido diferente.
Me rodeo de oscuridad y luces tenues. El ambiente es tan sombrio como tranquilo. Los suspiros se vuelven inspiraciones, que juntas producen sonidos
tribales
reales
absurdos.
Las verdades y las razones suenan a decadencia y barrotes de celda. La mentira se pavonea con la planta de un señor importante y artificial, que ofrece caramelos de colores electricos a los niños con cuerpo de viejo.
Se me cierran los ojos, demasiadas noches de desvelo voluntario.
Sólo un deseo, hundirme en un mar de sabanas limpias, recreandome de cada recodo. Disfrutando en medio de un orgasmo espiritual.
Esperando nada.
Y a la vez deseando el tacto de una cabeza
apoyada
dulcemente
contra mi pecho

miércoles, 15 de julio de 2009

La calle de la dulce mentira

Desde la calle
de la dulce mentira
surgen callejones de olores dulces.
Las farolas desprenden
sombras
que cubren
verdades como cielos despejados
y los regalos
aun envueltos
yacen en la basura

En la calle
de la dulce mentira
las santas se visten
de putas
y cobran lagrimas
a alto precio
Todo el mundo
vende su exclusividad
y los compradores
se tapan lo ojos
para ignorar el engaño

No se puede vivir
en la calle de la dulce mentira
sin saber leer entrelineas
y queriendo encajar palabras a golpes
para crear algo bonito

Y es que
aunque lo consiguieras
nunca podrias arreglar
la decadencia de las piezas con las que lo formas
y por eso
en la calle de la dulce mentira
abundan los cascotes
de amores que nunca existieron